- Una planta de hidrógeno verde en Albacete genera expectación y controversia. Entre cifras millonarias, consumo de agua y uso de suelo agrícola, la propuesta se enfrenta a opiniones divididas.
- La instalación plantea un cambio profundo en el mapa energético, pero también en el rural. Sus dimensiones y consumo de recursos generan un choque de posturas.
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En plena carrera hacia la descarbonización, España se encuentra ante un proyecto que promete ser un punto de inflexión para la producción de energía limpia. La iniciativa PHV ALBACETE HIVE 1 aspira a situar a la provincia en el centro del mapa europeo del hidrógeno, con una inversión de 10.000 millones de euros y una extensión de 20.000 hectáreas.
El plan, que se gestaba desde 2020 y fue presentado oficialmente en abril de 2023, entra ahora en una fase clave: la consulta ambiental. Durante un mes, la ciudadanía y las entidades podrán presentar observaciones a un informe de 5.200 páginas. Sin embargo, el reducido plazo y el volumen de documentación han sido señalados por críticos como una traba para el análisis profundo.
Un proyecto en Albacete que divide por su tamaño y sus recursos
La magnitud del complejo de Albacete no tiene precedentes en el país. El presupuesto estimado representa más de la mitad de lo que España prevé invertir en toda su estrategia nacional de hidrógeno verde. Esta dimensión ha levantado suspicacias sobre su viabilidad real, especialmente en un contexto económico donde los grandes proyectos energéticos suelen enfrentarse a retrasos y sobrecostes.

Uno de los puntos más sensibles es el agua. Para obtener una tonelada de hidrógeno se requieren entre 16 y 20 metros cúbicos, un volumen que, trasladado a la producción prevista de 52.000 toneladas anuales, supondría un gasto significativo en una provincia como Albacete, que ya lidia con acuíferos en estado crítico. Organizaciones agrarias alertan de que el suministro de agua para la planta podría competir con el riego de cultivos y agravar la escasez hídrica.
A ello se suma el cambio de uso del suelo. La instalación ocuparía más de 2.700 hectáreas agrícolas, afectando a la producción de alimentos y alterando el equilibrio entre desarrollo energético y actividad agraria. El vallado perimetral, con 119 kilómetros de longitud, podría fragmentar hábitats y limitar la movilidad de fauna.
Entre la transición energética y el impacto rural en Albacete
El hidrógeno verde es visto como una de las alternativas más prometedoras para sectores difíciles de electrificar, como el transporte pesado o ciertas industrias. Sin embargo, los especialistas advierten que sustituir de forma completa las fuentes fósiles por renovables resulta complicado, especialmente si se mantiene un modelo económico basado en crecimiento continuo.
En el caso de PHV ALBACETE HIVE 1, la promesa de empleo y desarrollo tecnológico convive con dudas sobre su aportación neta a la sostenibilidad. La planta, además de producir hidrógeno para uso energético, contempla su empleo en la fabricación de fertilizantes y en aplicaciones militares, lo que añade un matiz polémico a su imagen de “proyecto verde”.
La tensión entre los beneficios económicos a corto plazo y los impactos medioambientales a largo plazo marca todo el debate. Para algunos, la iniciativa es un paso imprescindible hacia la independencia energética; para otros, es un riesgo que puede hipotecar recursos esenciales para la vida rural.
El reto de compatibilizar inversión y sostenibilidad
La fase de alegaciones, que se abrió el 29 de julio, será decisiva para el futuro del proyecto. Aunque el marco europeo de descarbonización respalda este tipo de inversiones, la forma en que se ejecuten marcará su aceptación social. El caso de Albacete se convierte así en un ejemplo de las tensiones que surgen cuando la transición energética se despliega sobre territorios con realidades ecológicas frágiles.
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El papel de la consultora responsable del estudio ambiental, con experiencia en proyectos controvertidos, tampoco ha pasado desapercibido. Su historial genera inquietud entre colectivos que reclaman mayor transparencia y participación.
Más allá de la decisión final, este episodio refleja la encrucijada mundial: avanzar hacia energías limpias sin reproducir patrones extractivos que comprometan el futuro de las comunidades. La pregunta no se limita a si el hidrógeno verde puede sustituir al gas o al petróleo. También se plantea cómo y a qué coste acabará siendo para el territorio y su gente.


