- La nueva normativa para el hidrógeno verde busca atraer capital privado mediante un sistema de subastas y ayudas millonarias de fondos europeos.
- El hidrógeno verde se posiciona como el motor principal de la transición energética en España frente a los combustibles tradicionales.
- El fiasco de las ayudas europeas: por qué nadie quiere el dinero para el hidrógeno verde
El panorama energético nacional está a punto de experimentar un giro drástico que va mucho más allá de los parques eólicos o las placas solares. Las autoridades españolas han puesto la mirada en el elemento más ligero del universo para sustituir la dependencia de los hidrocarburos: el hidrógeno verde. Esta estrategia es una declaración de intenciones que se materializa en una normativa inminente que pretende ordenar un sector todavía en fase de despegue.
La intención es levantar una estructura comercial y técnica que permita a las empresas operar con seguridad jurídica. Al crear un mercado regulado para el hidrógeno verde, el país intenta colocarse a la vanguardia de Europa. Lo que se trata es de producir una energía que pueda transportarse y venderse como se hace actualmente con el gas natural, pero sin dejar rastro de carbono en la atmósfera.
La hoja de ruta del hidrógeno verde nacional
El Ministerio para la Transición Ecológica ya trabaja en un borrador legislativo que verá la luz pronto. Según la ministra Sara Aagesen, esta normativa “creará un marco para ofrecer más visibilidad y más estabilidad, a medio y a largo plazo, al objeto de favorecer todas las inversiones y adaptar de forma progresiva los distintos mercados para la incorporación de estas nuevas moléculas verdes”. El objetivo es que las compañías tengan unas reglas estables para volcar su capital en plantas de electrólisis.

La nueva normativa sobre hidrógeno verde busca atraer capital privado mediante un sistema de subastas y ayudas millonarias de fondos europeos
Para lograrlo, el plan estatal contempla fortalecer la capacidad de producción y asegurar que exista una demanda real en el tejido fabril. Se busca que la industria pesada, que ahora quema gas, haga la transición hacia este nuevo combustible. La idea es que la red nacional sea capaz de integrar estos gases de forma fluida, garantizando que el suministro llegue a los puntos críticos de consumo.
Además de la legislación, se están activando herramientas financieras para que el salto tecnológico no sea un lastre económico. La competitividad es el eje sobre el cual gira este anteproyecto, tratando de que el coste de generación baje lo suficiente como para competir con las opciones fósiles. El Gobierno confía en que esta base legal sea el imán definitivo para los grandes proyectos energéticos que buscan puerto en el sur de Europa.
Inyecciones millonarias y subastas estratégicas
El músculo financiero detrás de este movimiento es considerable, con más de 3.000 millones ya comprometidos para el sector. Recientemente, se han abierto procesos para repartir 465 millones de euros adicionales en ayudas directas. Estas partidas se dividen en dos grandes bloques destinados a transformar la manera en que producimos y consumimos energía en las fábricas, aprovechando los recursos del Plan de Recuperación.
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Una gran parte de esos fondos, concretamente 415 millones, se canalizará a través del Banco Europeo del Hidrógeno. La prioridad es dar aire a los proyectos que quieran descarbonizar el transporte pesado, especialmente en los sectores naval y de la aviación. Es una apuesta por sectores donde las baterías eléctricas no llegan por peso o autonomía, haciendo del hidrógeno verde la única salida viable.
Por otro lado, existe una partida de 50 millones pensada para que las fábricas abandonen los procesos de calor basados en carbón o gas. Se incentivará a aquellas plantas que decidan electrificar sus hornos o utilizar directamente combustibles limpios en sus cadenas de montaje. Este sistema de subastas busca premiar la eficiencia y asegurar que el dinero público llegue a las iniciativas con mayor capacidad de transformación inmediata.
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En el ámbito de las infraestructuras, el proyecto H2Med se perfila como la gran arteria energética del continente. Desde la Comisión Europea, Teresa Ribera ha señalado que “se ha hecho una apuesta firme por el hidrógeno en Europa”, situando este corredor como una pieza fundamental de la autonomía energética. La infraestructura servirá para el consumo interno, y se podrá exportar el excedente de producción hacia el norte del continente.
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El desarrollo de la Red Troncal del hidrógeno verde avanza según lo previsto, con estudios que confirman que los planes de ingeniería funcionan sobre el papel y en el terreno. Entre estos planes destaca el BarMar, una tubería que recorrerá 400 kilómetros bajo el mar para unir la capital catalana con Marsella. Se prevé que este enlace submarino esté enviando flujo energético para el final de esta década, conectando definitivamente la península con el corazón industrial europeo.
Los análisis del suelo marino ya han dado luz verde a la construcción, demostrando que la ruta submarina es técnicamente viable. Actualmente, se está realizando la ingeniería pre-FEED (Diseño de ingeniería de front-end) de esta interconexión. Con estos pasos, España busca dejar de ser una isla energética para convertirse en el puerto de entrada de una nueva era basada en el hidrógeno verde, transformando su posición en el mapa geopolítico.


