China ha puesto en marcha un plan que mezcla unas gigantes infraestructuras, presión climática y ambiciones industriales. El punto de partida está en Mongolia Interior, desde donde se trazará un corredor que llevará hidrógeno verde hasta la capital. La ruta supera los 300 kilómetros y busca mover 100.000 toneladas anuales en su primera etapa, con margen para multiplicar esa cifra en fases posteriores.

El proyecto está en manos de la empresa Sinopec, una de las compañías que más presencia tiene en el sector energético asiático. La iniciativa, además de transportar combustible limpio, da forma a la primera conexión interprovincial de este tipo en el país. Los reguladores ya han cerrado los permisos y la obra ha arrancado. El combustible obtenido por electrólisis se convierte en un eje prioritario para el Gobierno de Pekín, que quiere acelerar su transición energética sin apartarse de sus objetivos industriales.

Un corredor que marca un precedente en China

El trazado entre Ulanqab y Pekín es mucho más que una obra de ingeniería. Representa un giro total sobre la forma en la que China quiere mover su energía en la próxima década. La idea es que este tubo pueda ampliar su capacidad hasta las 500.000 toneladas anuales si la demanda crece, un salto que abriría la puerta a más rutas similares en otras provincias.

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La construcción está en línea con una cadena de proyectos que buscan elevar la producción de combustibles limpios. En la misma zona, empresas vinculadas al carbón están levantando otras instalaciones para generar decenas de miles de toneladas de hidrógeno al año. Todo ello se inserta en una red de centrales de electrólisis que usan agua dulce o agua marina, como sucede en Qingdao.

Con este movimiento, las autoridades pretenden asegurar un suministro constante para industrias que buscan alternativas menos contaminantes. La siderurgia, la química y parte del sector del transporte aparecen entre las principales destinatarias de este combustible.

El nuevo marco del plan quinquenal de China

El Gobierno central de China lleva meses enviando mensajes que apuntan en la misma dirección. En su último paquete de referencias para el próximo plan quinquenal (2026-2030), el hidrógeno figura entre los sectores que recibirán más apoyo. Esta decisión llega en un momento en el que el sector arrastra dudas por los altos costes y por una demanda que crece más despacio de lo previsto.

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Pekín ha añadido incentivos para activar el mercado, como la entrada del hidrógeno en los créditos de carbono, algo que facilita la financiación para nuevos proyectos. Además, otras zonas del país han puesto en marcha una serie de obras que superan la cifra habitual. Hebei, por ejemplo, comenzó la construcción de un tubo de casi 1.000 kilómetros destinado a mover más de un millón de toneladas anuales hacia su cinturón industrial.

El conjunto de estas iniciativas pretende romper un patrón reciente: plantas que producen hidrógeno pero operan muy por debajo de su capacidad. En 2024, sólo una parte reducida de las nuevas instalaciones alcanzó los niveles esperados, lo que alimentó dudas entre los inversores. Con las nuevas normas, Pekín intenta ajustar ese desfase.

Una avalancha de inversiones

Las empresas chinas han desplegado más de 500 proyectos relacionados con el hidrógeno sólo en 2025. La inversión acumulada supera los 200.000 millones de yuanes (24.450.960 de euros) y se apoya en casi 18 gigavatios de energía ya disponibles para alimentar procesos de electrólisis. Esta ola llega de forma paralela al creciente interés de los fondos por los metales y las utilidades que sostienen la infraestructura física de la inteligencia artificial en el país.

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Aun así, la demanda avanza con bastante cautela. De las decenas de miles de toneladas que ya podían ponerse en circulación el año pasado, sólo una fracción llegó efectivamente al mercado. Los analistas estiman que será a finales de esta década cuando la producción alcance un nivel mucho más significativo, superando el millón de toneladas anuales si se cumplen las previsiones.

Mientras tanto, la política comercial internacional también entra en juego. En la cumbre climática COP30, la delegación china alertó de que los aranceles y las restricciones de varios países están complicando los acuerdos globales para frenar el calentamiento. Estos obstáculos podrían influir en el ritmo de expansión del hidrógeno en algunos mercados, aunque dentro de China la apuesta sigue firme.

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