Almacenamiento

El polémico almacén de hidrógeno en Cantabria que pone en alerta a los ecologistas

En un rincón del litoral norte, los antiguos pozos de sal de Polanco, en Cantabria, se preparan para convertirse en el mayor reservorio de hidrógeno del país. El plan, impulsado por Enagás y la empresa química Solvay, ha activado las alarmas entre colectivos medioambientales que exigen más transparencia y estudios serios sobre lo que podría suponer almacenar allí un gas tan volátil.

Lo que parece una apuesta por la transición verde, según los ecologistas, es en realidad una maniobra del sector gasista para no soltar la batuta. El almacenamiento subterráneo plantea retos técnicos, riesgos evidentes y un posible sobrecoste que acabará repercutiendo, otra vez, en el consumidor.

Una iniciativa con fisuras, según los ecologistas

El plan de crear un gran almacén de hidrógeno en Cantabria ha sido recibido con escepticismo por parte de entidades como ARCA y Ecologistas en Acción. Ambas asociaciones piden estudios rigurosos que analicen no sólo los posibles impactos ambientales, también la necesidad real de una infraestructura de este calibre. Para ellas, no se trata sólo de un depósito bajo tierra, sino de una decisión estratégica que puede hipotecar la política energética del futuro.

La clave está en la seguridad: el hidrógeno es altamente inflamable, difícil de contener y requiere una gestión muy especializada. Además, necesita grandes cantidades de agua para su producción y procesamiento. Organizaciones ecologistas creen que otras opciones, como la electrificación directa con renovables, resultan más eficientes y sostenibles.

El proyecto, aún en fase de tramitación, ha sido sometido a consulta pública. Desde la asociación ARCA insisten en que debe pasar por una Evaluación de Impacto Ambiental ordinaria, además de contar con informes firmados por entidades científicas independientes. Quieren garantías de que este movimiento no esconda intereses industriales alejados de las verdaderas prioridades climáticas.

Una infraestructura con muchas dudas para los ecologistas

El plan en cuestión no se limita al almacenamiento bajo tierra. Incluye también una planta de tratamiento y compresión del hidrógeno, además de un gasoducto que lo conectará con la infraestructura subterránea. Este conjunto de elementos técnicos amplifica las dudas de los ecologistas sobre los posibles efectos colaterales.

Según Ecologistas en Acción, el hidrógeno verde no es suficiente para la transformación de la industria del acero

Los colectivos verdes insisten en que cualquier análisis debe contemplar la totalidad del proyecto. No basta con estudiar sólo la parte enterrada: las instalaciones de superficie, los bombeos y las conexiones deben pasar por el mismo filtro. Temen que una evaluación parcial minimice los riesgos y acabe abriendo la puerta a un proyecto poco justificado.

Además, los defensores del medioambiente se preguntan para qué servirá ese hidrógeno. Según las informaciones disponibles, buena parte del gas podría estar destinado al mercado europeo, en particular a países como Francia o Alemania. Eso significa que Cantabria asumiría el impacto ambiental de una obra pensada para abastecer a otros, sin tener en cuenta si España o la comunidad cántabra realmente necesitan esta infraestructura.

Críticas al modelo energético que hay detrás del hidrógeno

ARCA y otras organizaciones ecologistas apuntan a lo que consideran el verdadero fondo del asunto: mantener con vida el modelo de negocio de las grandes empresas gasistas. Aseguran que el “boom” del hidrógeno verde podría estar siendo usado como coartada para construir nuevas redes de gas sin una justificación real, y avisan de que los costes de estas infraestructuras los acabará pagando la ciudadanía.

La Junta de Castilla y León archiva el proyecto de hidrógeno verde de Green Capital en Bembibre

“Los gasoductos no son baratos”, recuerdan. Y ni su construcción ni su mantenimiento están exentos de problemas. A largo plazo, estos proyectos podrían suponer un obstáculo para otras soluciones energéticas más simples y menos impactantes. Por eso, los ecologistas piden que antes de levantar obras gigantes se apueste por reducir la demanda energética, electrificar procesos y aumentar la eficiencia.

También denuncian que se están vendiendo como “verde” algunas propuestas que no lo son tanto. La utilización de hidrógeno no siempre implica emisiones cero, sobre todo si se produce con métodos que no proceden de fuentes renovables. En lugar de depender de proyectos complejos y con beneficios dudosos, los ecologistas proponen promover la generación distribuida cerca de los centros de consumo.

 

Belén Valdehita

Entradas recientes

El fiasco de las ayudas europeas: por qué nadie quiere el dinero para el hidrógeno verde

Bruselas sólo logra colocar una mínima parte de los fondos destinados a proyectos de hidrógeno…

2 días hace

Los camiones de hidrógeno XCIENT de Hyundai ya han recorrido 20 millones de kilómetros en Europa

La flota de camiones XCIENT Fuel Cell de Hyundai ha sumado ya más de 20…

2 días hace

El fin de los vertidos: así logran crear energía limpia con aguas residuales e inteligencia artificial

Investigadores de la Universidad de Málaga y expertos internacionales consiguen transformar desechos hídricos en hidrógeno…

3 días hace

El Aeropuerto Internacional de Incheon, el primero del mundo en albergar un centro de movilidad de hidrógeno

El aeropuerto internacional de Incheon, en Corea del Sur, inaugura un nuevo centro de movilidad…

3 días hace

¿Por qué el hidrógeno verde en el norte de Europa es hoy una misión casi imposible?

El hidrógeno verde es esencial para el futuro pero su alto precio en el norte…

4 días hace

Huelva se la juega con el hidrógeno verde frente al inesperado desplante del Ministerio

La capital onubense defiende su liderazgo en el hidrógeno verde mientras el Gobierno central fija…

5 días hace