El pulso entre la rentabilidad del gas tradicional y el prometido futuro del hidrógeno verde sigue marcando el rumbo de la compañía energética Enagás. En los últimos meses, la compañía ha puesto sobre la mesa cifras que reflejan una cierta estabilidad en ingresos, aunque detrás de los números se esconden señales de alerta: el beneficio ha crecido, sí, pero más por operaciones puntuales que por una mejora estructural de su negocio principal.
El mercado energético europeo vive un momento de transición incierta. Mientras la Unión Europea acelera los proyectos para crear una red continental de hidrógeno, Enagás mantiene un discurso prudente, recordando que “transportar hidrógeno verde sigue sin ser rentable”. Y todo apunta a que, pese al apoyo público y los fondos europeos, el reto económico es mayor de lo que se reconoce.
Los últimos resultados de Enagás dejan una imagen compleja. Los ingresos totales han crecido cerca de un 7%, superando los 700 millones de euros. La explicación está en los ajustes regulatorios y el inicio del desmantelamiento del proyecto Castor, que han compensado parcialmente el impacto del nuevo marco de tarifas. También ha pesado el repunte de la demanda de gas natural, especialmente por la generación eléctrica, que ha crecido por encima del 35%.
Sin embargo, el ebitda (beneficios antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización) ha caído casi un 12%, afectado por el aumento de los costes operativos y la menor aportación de las sociedades participadas. La empresa, dirigida por Arturo Gonzalo, reconoce que la presión de los gastos y la incertidumbre regulatoria limitan su capacidad de mejora a corto plazo.
El beneficio neto, que se ha situado en torno a los 260 millones, no se explica por un aumento del negocio recurrente, sino por las plusvalías de varias desinversiones. La venta de activos como Soto La Marina y Sercomgas, junto con la revalorización del Gasoducto Sur Peruano, han aportado la mayoría del beneficio del periodo. Sin esos ingresos extraordinarios, la rentabilidad habría sido notablemente inferior.
Enagás mantiene su apuesta por el hidrógeno limpio, aunque no deja de insistir en las dificultades que implica convertirlo en un negocio sostenible. Los costes de transporte y almacenamiento siguen siendo un obstáculo, pese a los avances técnicos y al respaldo financiero de la Unión Europea.
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Dentro del plan europeo para crear corredores energéticos, la empresa participa activamente en el proyecto H2Med, el hidroducto que conectará la Península Ibérica con Francia a través del Mediterráneo. Este corredor ha sido incluido entre las ocho “Energy Highways” prioritarias de la Comisión Europea, junto con la Red Troncal Española del Hidrógeno.
Aun así, Enagás recuerda que la viabilidad económica de estas infraestructuras depende en gran medida de las subvenciones europeas. De hecho, la compañía ha recibido más de 30 millones de euros de los fondos CEF-E para estudios y desarrollo del sistema de transporte del hidrógeno. Pese a ello, su mensaje sigue siendo claro: sin apoyo público, el hidrógeno verde no cubriría los costes actuales de transporte.
La reducción de la deuda neta, que ronda los 2.300 millones, ha sido uno de los pocos puntos positivos del balance. Este recorte se ha logrado gracias a las ventas de activos no estratégicos, que han permitido aliviar parte del endeudamiento. Además, la bajada de los tipos de interés ha reducido ligeramente el coste financiero.
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La empresa Enagás confía en mantener estable su situación mientras avanza la negociación del nuevo marco regulatorio del gas, un elemento fundamental para determinar su rentabilidad futura. Enagás, como operador del sistema gasista español, está pendiente de cómo se definan las reglas del juego en un sector cada vez más condicionado por la transición energética.
Por ahora, el desafío principal no está tanto en la tecnología como en la economía: el hidrógeno verde promete ser el combustible del futuro, pero aún no garantiza los beneficios. Enagás lo sabe, y lo repite. Su estrategia pasa por sostener el equilibrio entre los ingresos tradicionales del gas y un horizonte de inversiones en el que el retorno todavía es incierto.
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