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El fiasco de las ayudas europeas: por qué nadie quiere el dinero para el hidrógeno verde

  • Bruselas sólo logra colocar una mínima parte de los fondos destinados a proyectos de hidrógeno verde, mientras que las empresas huyen de unas condiciones financieras que consideran inalcanzables hoy.
  • La crisis de rentabilidad del hidrógeno verde provoca que el 80% de los fondos de la Unión Europea queden desiertos. El sector del hidrógeno se enfrenta a un parón ante la imposibilidad de asumir los avales bancarios exigidos.
  • El portazo del hidrógeno: por qué las grandes energéticas rechazan 800 millones de Europa

El optimismo que rodeaba a las nuevas energías ha sufrido un revés importante. Las cifras oficiales de la última convocatoria comunitaria revelan una realidad distinta a la esperada por las instituciones en su plan de apoyo a los gases renovables, y en especial al hidrógeno verde.

A pesar de la alta participación inicial, el resultado final deja un escenario desolador para el despliegue energético. La mayoría de los fondos previstos para incentivar la producción de hidrógeno verde se han quedado en un cajón ante la retirada masiva de los solicitantes.

La trampa financiera del hidrógeno verde

La reciente licitación del Banco Europeo del Hidrógeno pretendía repartir 1.200 millones de euros, pero apenas ha adjudicado 270 millones. Este desajuste supone que casi el 80% del presupuesto se ha perdido debido a que los ganadores prefirieron renunciar antes que firmar los acuerdos. La situación afecta directamente a España, donde se ubicaban la mitad de las propuestas seleccionadas que finalmente no verán la luz bajo este esquema.

Desde el sector privado, el descontento es evidente. Varias entidades que participaron en el proceso señalan que, aunque hay voluntad de construir, el contrato tipo que ofrece Bruselas resulta «imposible de cumplir». El problema no es la falta de interés, sino un modelo de subvención que no se ajusta a la realidad técnica de las plantas.

Esta brecha entre la ayuda ofrecida y los gastos de fabricación reales está bloqueando la expansión tecnológica. Las compañías admiten que, cuando llega el momento de formalizar el pacto, el riesgo asumido es tan alto que la retirada masiva se convierte en la única salida lógica para no comprometer su patrimonio.

El muro de los avales para el hidrógeno verde

Uno de los puntos críticos señalados por los analistas es la escasa exigencia previa. Al principio, se permitió que planes con muy poca solidez superaran las primeras cribas. Sin embargo, en el momento de presentar los avales económicos efectivos, bastantes candidatos carecen de la solvencia necesaria y optan por abandonar.

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La normativa actual obliga a las empresas a presentar avales por valor del 8% de la subvención que piden. Esto traslada la responsabilidad final a los bancos y compañías de seguros. Estas entidades financieras están mirando con lupa cada operación y, ante las dudas sobre la rentabilidad del negocio a corto plazo, están cerrando el grifo del crédito.

Los gestores de grandes fondos europeos confirman esta tendencia de cautela extrema. El problema reside en que el hidrógeno verde tiene metas muy altas, pero tropieza con una falta de rentabilidad financiera debido a los gastos que conlleva hoy en día. Sin el respaldo de la banca, que exige pruebas de que el dinero volverá a sus arcas, las infraestructuras se quedan paralizadas sobre el papel.

Una demanda que no despega en Europa

La falta de éxito de la subasta es el síntoma de una enfermedad más grave: la ausencia de compradores reales. La industria pesada aún no está dispuesta a pagar el sobrecoste que supone usar el hidrógeno verde frente a otras alternativas más baratas. Sin contratos de venta a largo plazo, ninguna fábrica se arriesga a iniciar la construcción.

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Para que el mercado funcione, se necesitan tres factores que ahora no coinciden: electricidad muy barata, clientes que aseguren el consumo y un plan claro para bajar los gastos de operación. Al faltar estas piezas, el sector ha pasado de debatir sobre la ecología a preocuparse exclusivamente por la supervivencia financiera y la seguridad del suministro.

Aun así, algunos expertos ven una parte positiva en esta desaceleración. Consideran que se está produciendo una limpieza de proyectos que no eran realistas. Este ajuste forzado podría permitir que sólo las iniciativas más serias y con capacidad real de ejecución sigan adelante, creando un entorno de inversión mucho más fiable en el futuro.

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Belén Valdehita

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