La descarbonización del transporte por carretera, marítimo y ferroviario es una de las grandes cuestines de la transición energética. En los turismos y vehículos ligeros, la electrificación avanza a buen ritmo, pero el transporte pesado demanda mayores autonomías, potencias y, sobre todo, tiempos de operación. Por ello, el hidrógeno verde se plantea como una de las alternativas con mayor potencial para sustituir a los combustibles fósiles.
En el caso del transporte, que representa el 30,7 % del total de las emisiones en España, se hace necesario comenzar a poner sobre la mesa soluciones de descarbonización. De este total, el transporte por carretera supone el 28,4% del total de las emisiones.
Actualmente, ya existen casos reales que demuestran su viabilidad. Hyundai ha desplegado flotas de camiones impulsados por hidrógeno en Suiza y Alemania, mientras que la empresa Alstom ha puesto en marcha trenes de hidrógeno en líneas regionales de Alemania, Francia e Italia. También se exploran aplicaciones marítimas, con proyectos piloto en puertos de Noruega y Países Bajos.
El hidrógeno verde ofrece algunas ventajas frente a la electrificación con baterías, como son una mayor autonomía y menor tiempo necesario para el repostaje. Sin embargo, se presentan desafíos como los costes de producción, la baja eficiencia del ciclo completo desde la producción de electricidad hasta el movimiento final del vehículo y la ausencia de una red de repostaje a gran escala. Además, el hidrógeno es más competitivo en nichos específicos que en usos generalizados.
Para contextualizar, según un informe de LBST GmbH, en 2024 se abrieron cerca de 125 nuevas estaciones de repostaje de hidrógeno en todo el mundo. De todas ellas, 42 se ubican en Europa, 30 en China, 25 en Corea del Sur, 8 en Japón y 13 en Norteamérica. Según la evaluación, 45 países disponen actualmente de infraestructura de repostaje de hidrógeno en funcionamiento o en construcción.
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A pesar de los mencionados retos, muchos expertos creen que el hidrógeno verde jugará un papel importante en la descarbonización del transporte pesado. Para que esto ocurra, será necesario combinar políticas públicas, inversión en infraestructuras y una producción de energías renovables a precios asequibles.
Por el momento, ya se están empezando a establecer acuerdos industriales bajo el marco de estrategias nacionales que buscan implementar una economía del hidrógeno en el futuro.
Definitivamente, el hidrógeno verde no constituye una solución universal ni inmediata, pero si forma parte del grupo de herramientas estratégicas para logar una movilidad pesada sin emisiones allí donde las baterías se quedan cortas.
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