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El portazo del hidrógeno: por qué las grandes energéticas rechazan 800 millones de Europa

A pesar de que España partía como la gran favorita para captar la mayor parte de los fondos de la segunda Subasta del Fondo de Innovación europeo, la realidad final muestra un escenario de renuncias masivas que ha dejado cientos de millones de euros sobre la mesa.

Lo que en un principio parecía una carrera por liderar el sector del hidrógeno, se ha transformado en un goteo constante de bajas. Empresas con un peso específico enorme en el mercado han decidido no seguir adelante con la obtención de estas ayudas europeas, obligando a Bruselas a reajustar sus planes de financiación.

Balance final de las ayudas europeas para sus proyectos de hidrógeno

De las decenas de propuestas iniciales que buscaban apoyo financiero, sólo tres han cruzado la meta. «Noon», de Iberdrola; «H2CRI», de Saeta Yield, y «GH2Move-VLC», de Diverxia, son los únicos que han formalizado los acuerdos este mes de enero de 2026. Estas tres iniciativas se repartirán 150 millones de euros, una cifra alejada de las expectativas que se generaron hace un año cuando comenzó el proceso.

El proyecto ubicado en Palos de la Frontera, gestionado por Iberdrola, acapara la mayor parte de la potencia y de los fondos, con 135,5 millones asignados. Le siguen la instalación de Saeta en Zaragoza y la de Diverxia en Valencia. Aunque estos nombres han resistido, el volumen total de energía que se pondrá en marcha es inferior al que se proyectó en las fases más tempranas de la subasta.

Los dos grandes proyectos españoles de hidrógeno verde que reciben 126 millones de euros en ayudas

Atrás quedan nombres como Moeve o Acciona, que en distintos momentos del proceso figuraron como posibles beneficiarios. La salida de estos actores implica que una gran cantidad de potencia de electrólisis prevista originalmente no contará con este respaldo comunitario, lo que altera el mapa de la transición energética a corto plazo.

Motivos tras el rechazo a las ayudas europeas para proyectos de hidrógeno

Abandonar una subvención de esta magnitud no ha sido una decisión sencilla, ni responde a un único factor. Según los datos del sector, estas renuncias se producen por diversas situaciones que afectan a la viabilidad de las plantas de hidrógeno. En muchos casos, los costes se han disparado tanto que la cifra concedida ya no cubría las necesidades reales para que la instalación fuera rentable.

Existen otros condicionantes externos que han pesado en la balanza:

  • Dificultad para cerrar contratos de compra con clientes finales interesados.
  • Problemas para obtener el capital privado necesario en los plazos exigidos.
  • Revisiones estratégicas de los promotores ante el nuevo entorno económico.
  • Cancelación directa de la planificación por falta de rentabilidad.

Es fundamental entender que renunciar al dinero no significa siempre que la planta no se vaya a construir. A veces, las condiciones impuestas por la Unión Europea para recibir el pago son tan estrictas que las compañías prefieren buscar otras vías de financiación o esperar a momentos más favorables, evitando así compromisos que no pueden asegurar actualmente.

Un proceso de selección marcado por las bajas constantes

La subasta abierta a finales de 2024 fue una montaña rusa. En mayo de 2025, España parecía arrasar con ocho proyectos seleccionados que sumaban más de 1.100 MW. Sin embargo, sólo uno de esa lista llegó al final. La Comisión Europea tuvo que tirar de la lista de reserva en septiembre para intentar cubrir los huecos, pero esa segunda tanda también sufrió una criba severa en los últimos meses.

Sin ayudas de la Unión Europea: así financia España su revolución del hidrógeno verde

Entre finales de 2025 y el arranque de este año, una docena de iniciativas se retiraron de la negociación. Muchas de estas propuestas eran de gran tamaño y presentaban precios muy competitivos, situándose entre 0,40 y 0,80 euros por kilo de combustible producido. Aun así, la presión financiera y los plazos contractuales terminaron por desgastar a la mayoría de los aspirantes.

Al final, el resultado ha sido agridulce. Por un lado, España mantiene una presencia relevante con tres proyectos ganadores, pero por otro, se han perdido subvenciones por valor de 802,85 millones de euros. Este dinero vuelve a las arcas comunitarias mientras el sector nacional intenta descifrar cómo ejecutar sus planes de hidrógeno sin el paraguas de los fondos de innovación europeos.

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Belén Valdehita

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