El panorama actual del sector del hidrógeno verde muestra una desconexión total entre los anuncios de prensa y la realidad de las cuentas. El Oxford Institute for Energy Studies (OIES) señala en su último informe que el dinero no está llegando a las plantas de generación de hidrógeno limpio. Los expertos dejan claro que no se trata de un problema técnico. El verdadero muro es la rentabilidad de las propuestas.
A pesar del enorme volumen de proyectos planteados, casi ninguno consigue el visto bueno definitivo de los inversores. La razón principal es que las iniciativas no logran superar los baremos de «bancabilidad» que exigen los comités de riesgos. Sin una estructura de ingresos predecible, los bancos prefieren mantener el grifo cerrado antes que apostar por una tecnología que no garantiza beneficios a corto plazo.
Para que el capital empiece a moverse, el estudio subraya la necesidad de contar con contratos de compraventa blindados y a largo plazo. Las entidades financieras exigen pactos que aseguren la venta de la producción durante al menos una década. Sin estos documentos, que reparten el riesgo entre productor y cliente, es imposible levantar la financiación necesaria para construir las infraestructuras.
Estos acuerdos deben firmarse con empresas solventes que garanticen el pago incluso si el mercado fluctúa. La viabilidad financiera del hidrógeno depende de que existan ingresos fijos que permitan pagar la deuda contraída con los bancos. Sin esa seguridad matemática, las propuestas se quedan en simples presentaciones de diapositivas sin una capacidad real de ejecución ni un respaldo corporativo.
La viabilidad financiera del hidrógeno verde está en entredicho por la carencia de compradores que firmen contratos a diez años para asegurar el retorno del capital
Actualmente, el sector se enfrenta a un vacío legal y comercial que asusta al capital privado. La ausencia de un compromiso firme por parte de la industria pesada para consumir este combustible impide que los proyectos maduren. Sólo aquellos que logran atar a sus compradores antes de empezar a construir consiguen cruzar la barrera de la duda financiera.
Otro obstáculo insalvable para la viabilidad financiera del hidrógeno es que producir esta energía limpia resulta mucho más costoso que seguir usando gas o carbón. Esta brecha de precios hace que los posibles clientes duden a la hora de firmar contratos largos. No quieren atarse a un suministro caro cuando tienen opciones más económicas a mano, lo que deja a los promotores en una situación de vulnerabilidad total.
Además, el hidrógeno no tiene un mercado de precios transparente como el del petróleo. No existen pantallas donde ver cuánto valdrá el producto el próximo año, lo que obliga a negociar cada contrato de forma privada y a ciegas. Esta falta de referencias aumenta la sensación de peligro entre los analistas de riesgos, encareciendo el préstamo y dificultando todavía más la supervivencia económica del sector.
Esta opacidad impide que se generen estrategias de cobertura para proteger la inversión. La viabilidad financiera del hidrógeno verde se ve lastrada por un entorno donde nadie sabe a qué precio se venderá el producto final. Sin una brújula de precios, la banca exige intereses mucho más altos, lo que termina por asfixiar la rentabilidad de las plantas antes de que empiecen a funcionar.
Los inversores temen más a un cambio de leyes que a un fallo en las máquinas. La estabilidad de las normas públicas es el factor que más influye a la hora de decidir si se pone dinero o no. Los retrasos en las ayudas o la falta de criterios de certificación claros pueden arruinar un negocio en meses. Por eso, el informe pide que los gobiernos asuman parte del riesgo inicial.
Todo lo que querías saber sobre el hidrógeno verde y todavía no te habían contado
Mecanismos como los contratos por diferencia o las garantías públicas son herramientas fundamentales para que el sector despegue. Estas medidas ayudan a cubrir la diferencia entre el coste real de fabricar hidrógeno sostenible y lo que los clientes pueden pagar. Sin este apoyo estatal, los fondos privados seguirán mirando desde la barrera, esperando a que el escenario de la viabilidad financiera del hidrógeno sea mucho menos turbulento.
El éxito o el fracaso de las iniciativas depende de combinar apoyo político, clientes con dinero y una red de transporte lógica. Los proyectos que han caído en el olvido suelen tener algo en común: socios que se retiran en el último momento o compradores que nunca llegaron a firmar. La seguridad jurídica se convierte así en el único motor capaz de arrancar una industria paralizada.
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